Observar: Ver e Interpretar.

Hace poco alguien que comúnmente veía a su papá de una manera y se refería a él haciendo juicios casi siempre en el mismo sentido, habló de él en un tono diferente, algo compasivo, comprensivo y en nota de aceptación; me expresó que aprendió a verlo desde otra perspectiva, desde otro punto de vista y eso había hecho que empezara a darse cuenta que algo dentro de él había empezado a cambiar y que ese mismo punto de referencia le estaba sirviendo para apreciar otros aspectos de su vida, en especial aquellos en los que se había inmovilizado.

Inmovilización como la incapacidad de moverse en la percepción de algo, quedarse en el mismo sitio, viendo las cosas desde el mismo punto de vista.

Si observo un suceso siempre desde el mismo punto de vista, solo tengo esa referencia.  Ahora, cuando me muevo de donde estoy y me atrevo a mirar desde otro u otros ángulo(s), desde otras perspectivas, me permito descubrir condiciones diferentes de ese suceso que quizá antes estaban ocultos para mí.

Ser observador desde un mismo y único punto de vista me lleva a interpretar lo que percibo desde ese solo punto de referencia y corro el riesgo de formarme conceptos, ideas y creencias parciales que pueda tomar como totales.  Surgen inconvenientes cuando desde mi comodidad me acostumbro a percibir solo un aspecto del evento y me permito interpretar la totalidad según los significados de esa visión parcial.  Al comienzo puede funcionar, pero después no, empiezo a darme cuenta que: lo que veo, creo, siento y actúo como que no encaja; algo está incongruente y me ocasiona molestias; ahora hay otros aspectos de la totalidad que están interaccionando conmigo que no les he tenido en cuenta, no los distingo. Para resolver el impase, para observarles, para descubrirles, necesito moverme del sitio donde cómodamente estoy, desde donde percibo; usar otros enfoques, otras perspectivas u otros puntos de vista.

Ser observador desde varios y diferentes enfoques me lleva a interpretar con más criterios o elementos de referencia, lo cual genera una mayor riqueza de la realidad vivida.  Los sucesos vitales son dinámicos, cambiantes y eso exige que siempre nos estemos moviendo y descubriendo nuevas facetas.  Ser buen observador implica contemplar la posibilidad de que fuera de lo que se percibe, siempre hay más por descubrir y como tal, fuera de lo que se cree, siempre existen más verdades.

VER pertenece a lo sensorial, está en el presente, percibiendo lo presente.

INTERPRETAR concierne a lo pensante, utiliza el pasado, pensar sería comparar lo que entra por los sentidos en el presente con hechos ya sucedidos con los que se tiene alguna relación, que están registrados en la memoria, en la historia de vida de quien interpreta.

Hay una tensión entre lo que veo y lo que pienso: la percepción influyendo en el pensar y el pensar injiriendo en el sentir.  En esta tensión: el pensar subordina al sentir cuando se ve solo lo que se quiere ver; ahí el intérprete determina al observador, el ver está condicionado por las convicciones surgidas de las experiencias previas, estas creencias en su rivalidad tratan de convencer al observador para que vea solo lo que está acostumbrado a ver y deseche lo que no tiene registrado: lo nuevo.  El ver somete al pensar cuando se actúa dejándose llevar de las apariencias sin mirar más allá ni medir consecuencias.

La OBSERVACIÓN objetiva se daría cuando la tensión se equilibra y ambos elementos se complementan: los sentidos mostrando la apariencia y el pensar el trasfondo.

Toda acción que realizo tiene como fundamento un pensamiento.  Cuando repito la misma acción desde ese pensar y siento que me da resultado, continúo con la repetición e instauro un hábito en mí.  Los hábitos son una gran fuerza, se convierten en nuestro principal aliado, actuamos de una manera eficiente, sin mucho esfuerzo, proporcionándonos comodidad.  El impase viene cuando el hábito ya no es eficaz y ahora nos crea incomodidad.  Algo no funciona bien.  Nos dedicamos a revisar qué pasa.  Empezamos a buscar afuera, a tratar de acomodar lo que percibimos a nuestras creencias, de pronto a buscar culpables o a delegar responsabilidades en otros o en las circunstancias; ese tipo de movimiento no es objetivo, sigue la incomodidad.  Después de revisar mucho afuera y no encontrar la causa, entonces nos dedicamos a buscar dentro de nosotros.  Después de mucho buscar y llegar a nuestras creencias o convicciones y percibir que están en contradicción con la realidad, solo entonces, nos cuestionamos, reconocemos y posiblemente aceptemos; si ese proceso toca nuestras más íntimas fibras y nos moviliza internamente, tendríamos entonces la posibilidad de cambiar.  Ese metapensar: pensar sobre lo que pienso, es lo que me puede generar profundos procesos de aprendizaje, de cambio y de trascendencia.

Ver perspectiva y puntos de vista desde el arte en:        http://www.descubrarte.blogspot.com/2012/10/perspectiva-conica.html

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