La Paz y la Alegría están en nuestro Interior.

La paz y la alegría están en nuestro interior, no son producidas por sustancias externas a nosotros.

La esencia del niño es vivir en paz, alegría y en armonía, es su naturaleza permanente y su búsqueda.

Quizá por algunas circunstancias difíciles en nuestras vidas, aprendimos a dejar de sentir esas emociones fundamentales, en cambio nos acostumbramos al dolor, al aburrimiento, al sufrimiento, al rechazo y otros sentimientos desagradables. En medio del tedio y el sufrimiento anhelábamos algo de alegría o paz en nuestro interior.

Entonces aparecieron los que nos convencieron de vivir ratos agradables siempre y cuando introdujésemos en nuestro organismo sustancias psicoactivas. Así, la mayoría de consumidores iniciamos con el cigarrillo o el alcohol, de ahí pasamos a sustancias más duras.

En principio fue un flechazo, una revelación, nos encontramos con algo que habíamos anhelado y nos sorprendió; el goce producido por las primeras experiencias con los psicoactivos nos marcó para siempre, quizá fue trascendental para algunos, quedamos enganchados, flechados y nos enamoramos de las sustancias, las supervaloramos.

Seguimos así un camino de búsqueda fácil en medio del tedio y el sufrimiento dónde para evadirlo lo alternábamos con ratos de paz y alegría mientras consumíamos. En ese tránsito, encontrar algo mágicamente sin haber pagado el precio fue algo que tarde o temprano la vida nos lo cobraría. De la alegría adquirida mágicamente, pasamos al aumento del sufrimiento y más en la medida en que avanzábamos en el abuso y mucho más al acercamos y vivir en la adicción – dependencia. A algunos, nos quedaba allá al final del camino la calle, la clínica o el cementerio. Pero unos escogimos la recuperación.

En recuperación tomamos conciencia y aceptamos nuestra impotencia hacía lo que más hacíamos y preferíamos a pesar del daño nos hacía. Así empezamos a comprometernos con nuestra existencia, dejamos de consumir y aprendimos a vivir sánamente; centrándonos en nuestro interior, identificando nuestras áreas problemáticas, trabajando para mejorarlas y crecer como personas.

Los aprendizajes adquiridos en la adicción difícilmente se olvidan, en especial los del uso, los más gratificantes. Las circunstancias relacionadas con el consumo quedaron fijadas en nuestras memorias emocionales (personas, lugares, eventos y estados anímicos). La activación de los recuerdos placenteros de esas memorias se constituyen en nuestro mayor factor de riesgo y generalmente son los causantes de las recaídas. Estadísticamente tenemos más probabilidades de recaer que de mantenernos limpios.

Por las anteriores razones y muchas otras más, los consumidores y los que hemos padecido conductas problemáticas y adictivas, nos conviene aprender a sentir, vibrar, descubrir, retener y disfrutar de la paz y la alegría interior que residen en lo más profundo de nuestro ser.

Si creemos que no las tenemos (paz y alegría), que no las merecemos o que nunca las tuvimos, nos conviene actuar como sí las tuviésemos ya, aquí y ahora; si lo practico con fe, se volverá un reaprendizaje y se adquirirá . Tal como aprendimos a leer o a escribir, necesitamos tiempo para redescubrir y vivir en la paz y la alegría interna.

Si no estoy acostumbrado a dar un abrazo a mis seres queridos o me siento incómodo haciéndolo, con la práctica persistente se convertirá en actitud y hábito, y me llevará por aproximaciones sucesivas a experimentar sensaciones agradables como consecuencia de la acción consciente

Las dificultades que hemos tenido en nuestro organismo, más las influencias desagradables de nuestro entorno, han sido circunstancias propias de la Vida, que de una u otra forma nos pudieron haber llevado a interpretaciones que posiblemente hayan incidido en decisiones equivocadas. Nunca es tarde para aprender (particularmente considero que a eso vinimos a este planeta) y más para aprender del error.

Reaprender o volver a aprender del error requiere un esfuerzo inteligente y consciente, pero tomar decisiones diferentes, partiendo de la convicción adquirida en el reaprendizaje de lo erróneo requiere además de la inteligencia y conciencia, una voluntad sólida y sostenida en el tiempo.

A eso hay que apuntarle.

Disfrutemos de la Navidad y la Vida con nuestra mayor herencia existencial: sentir y vibrar en el amor, la paz y la alegría interior.

¡Limpios!

10 comentarios sobre “La Paz y la Alegría están en nuestro Interior.

  1. Que sentido y profundo mensaje, abarcaste mucho en tan poco espacio! Te felicito por saber llegar a las personas que necesitan una voz de esperanza y comprensión y que Dios te siga dando mas de esa sabiduría en este nuevo año y los que vienen! Feliz 2020 Francisco!!!

  2. Ñeste tema merece tanta reflexión, más cuando en. Nuestro entorno vemos y vivimos y experimentamos momentos q inciden en nuestras vidas. Somos a pesar de todo diferentes unos de los otros pero cada cual trae consigo un a esencia especial que nos hace llamar mundo o personas

  3. También pienso que todo tiene un propósito cuando la situación es negativa de snte mano es aquella que nos sirve como para levantarnos y hacernos más fuertes, maduros y y maestros para enseñar y sacar lo. Positivo. Y mejorar. Cada vez más., Nuestros actos pueden causar. Caídas. Y solo existe. Voluntad para querer. Cambiar poreso digo q es necesario pasar. Todos. Esos obstáculos para crecer.

  4. Solo leer este texto ya transmite paz. Faltaría aportar unas claves o recomendaciones para las personas que están en ese proceso de aprendizaje – y todas en general-con respecto a las conductas o actividades que se pueden realizar para encontrar esa paz y alegría interior. Por supuesto, para todos no será igual y dependerá de la personalidad de cada quién. Saludos Dr. Daza, siempre motivador e inspirador!

    1. Vivir en el error de manera incosnciente, sin darnos cuenta, es inercia; cuando nos hacemos conscientes nos volvemos dinámicos, algo pasa en nuestro interior que nos invita al cambio.
      Reaprender o volver a aprender del error requiere un esfuerzo inteligente y consciente, pero tomar decisiones diferentes, partiendo de la convicción adquirida en el reaprendizaje de lo erróneo requiere además de la inteligencia y conciencia, una voluntad sólida y sostenida en el tiempo.
      Tenemos que desarrollar nuestras facultades ejecutivas: poner el freno a lo que no nos conviene, planificar los cambios necesarios para crecer desde nuestra propia convicción y ser consistentes en la toma y el sostenimiento de nuestras propias decisiones.

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